La vacunación llegó a los hacheros de Piruaj Bajo, allí donde ruge el monte santiagueño

"Vivimos de lo que nos da el monte", explicaron a Télam algunas de las 400 personas del poblado, quienes integran una comunidad indígena autoreconocida como descendiente del pueblo lules-vilelas y dedicada principalmente a la actividad forestal.

Fotos: Emilio Rapetti


17/07/2021

La campaña de vacunación contra el coronavirus sigue avanzando hacia cada rincón del territorio de Santiago del Estero. Piruaj Bajo, allí donde sus pobladores dicen sentirse orgullosos de lo que lograron como comunidad aborigen y el primer caso de Covid-19 fue detectado recién en junio pasado, fue uno de los poblados del norte argentino que se sumaron al proceso de inmunización ejecutado por la Nación y esa provincia.

Piruaj Bajo se ubica en el sudoeste del departamento Copo, al norte de la provincia, a 325 kilómetros de la capital santiagueña y a unos 80 del límite con Salta y Chaco. Se trata de un poblado de unas 400 personas, quienes integran una comunidad indígena autoreconocida como descendiente del pueblo lules-vilelas y dedicada principalmente a la actividad forestal.

Los lules y los vilelas constituían dos grupos pequeños y separados de aborígenes nómades, cultural y regionalmente relacionados, aunque hablaban lenguas diferentes. Habitaban la región noreste del actual territorio argentino, parte del cual en la actualidad pertenece a Santiago del Estero.


Foto: Emilio Rapetti
"Vivimos de lo que nos da el monte"
, explicaron algunos de ellos a Télam, lo que conlleva a cortar leña, hacer carbón, embolsarlo y venderlo no sólo en pueblos cercanos, sino enviarlo a otros lugares de la provincia. También se sostienen de la producción de postes de quebracho colorado y de la cría de vacas, chanchos, gallinas y caballos.

"Piruaj Bajo viene del quechua, que quiere decir 'troja vieja', porque nuestros antepasados usaban la troja, un depósito de la cosecha, que antes era de mucho zapallo y maíz", cuentan los pobladores de la comunidad.


Foto: Emilio Rapetti
El operativo de vacunación se inició desde horas muy tempranas en la posta sanitaria del lugar, adonde se acercaron habitantes de 18 a 39 años. "Es una de las comunidades con la que hemos empezado a vacunar a personas de 18 a 39 años", dijo a Télam el coordinador de la Dirección de Interior del Ministerio santiagueño de Salud, Pablo Sgoifo.

"La idea es descentralizar un poco (los puntos de vacunación) para llegar más rápido a la gente con las vacunas", explicó por su parte la coordinadora de la Zona sanitaria Norte y directora del Hospital Nueva Esperanza, Rosana Roldán.

El equipo de salud conoce bien toda esa extensa área y, en ese sentido, Roldán remarcó "el hecho de que la gente tenga que trasladarse (para ser inmunizada) puede resultarle una complicación. Por ese motivo, Salud vino a Piruaj Bajo, como lo hacemos en cada pueblo por más pequeño que sea, para llegar a vacunar a toda la población".


Foto: Emilio Rapetti
Foto: Emilio Rapetti
"Es ir al territorio y vacunar en las propias comunidades", añadió la funcionaria, quien sostuvo que en los operativos las autoridades sanitarias brindan información preventiva y sobre los fármacos inyectables porque "hay personas que se quieren vacunar y otras no por cuestiones de creencias u otras razones", pero "se les informa que la vacuna es para todas aquellas personas que quieran recibirla".

Los vacunadores en Piruaj Bajo fueron oriundos de la zona, incluso dos de ellos pertenecen a la comunidad originaria.

Uno de ellos es el agente sanitario Esteban Exequiel Romero (26 años) trabaja desde hace tres años en la posta sanitaria de la localidad, "donde "llevamos todo el registro y el seguimiento a los nuestros", señaló a Télam.


Foto: Emilio Rapetti
Y agregó que "en Piruaj Bajo contamos con 403 habitantes, hay 92 casas y la mayoría de nuestra población es joven"; una condición demográfica por la cual -dijo- "no hay muchos problemas de salud, más allá de algunas personas mayores, que tienen las enfermedades típicas de la edad".

El interés de ese joven santiagueño por todo lo relacionado a la salud lo llevó a estudiar durante dos años Enfermería, para luego inclinarse por ser agente sanitario, rol que desempeña en la actualidad.

"Me gusta mi trabajo, porque uno puede ir casa por casa, charlar, preguntar qué problema hay y cómo se puede solucionar", relató Romero.

"Poder hacer que la gente se abra para contar lo que tiene o lo que le pasa es una gran satisfacción, porque muchos son cerrados. Si va uno que no los conoce, ellos no quieren hablar mucho", agregó.


Foto: Emilio Rapetti
Foto: Emilio Rapetti
"Yo no sólo hablo con ellos de temas de salud o cuestiones sociales, sino también de sus trabajos, porque aquí se hace mucho carbón y también postes de quebracho colorado, todo lo que da el monte, lo cual se lo vende a lugares de la zona y también a otros", detalló en otro pasaje de la entrevista con Télam.

Más allá de su flora y su fauna, de sus silencios y del eco del monte que propaga el viento, la mayor característica de Piruaj Bajo, como en casi todos los pueblos santiagueños, es la hospitalidad.


Foto: Emilio Rapetti
Foto: Emilio Rapetti
Con esfuerzo colectivo y con el acompañamiento de los gobiernos nacional y santiagueño, la comunidad de Piruaj Bajo logró muchos avances, tales como una posta sanitaria, una escuela, un destacamento policial, una delegación de tratamiento del agua, de programa Prohuerta, una iglesia católica y una evangélica, como también cisternas por las cuales recolectan agua de lluvia en cada una de sus casas, además de tener el sistema de agua que funciona con los grandes paneles solares, al igual que la energía eléctrica.

A la mayoría de los pobladores se les asignó viviendas sociales, construídas por el gobierno provincial, las cuales se destacan en medio del monte por el colores de los murales de sus paredes, hechos por estudiantes, y por los paneles solares a través de los cuales obtienen agua y energía eléctrica.


Foto: Emilio Rapetti
Don Segundo cambió de idea y aceptó ser vacunado


Con sus 82 años, Segundo Marciano Romero no solo es uno de los pobladores más antiguos de la comunidad indígena de Piruaj Bajo, sino que pertenece a uno de los colectivos de riesgo de perecer debido a la pandemia. Así y todo, fue el hecho de haber contraído coronavirus lo que lo llevó a cambiar su rechazo a vacunarse a, por estos días, esperar con ansiedad su recuperación para sumarse a la cola de quienes deben ser inmunizados con prioridad.

"Espero poder recuperarme y después vacunarme", dijo en diálogo con Télam Don Segundo, que permanece aislado en la casa de uno de sus hijos y transita sin grandes complicaciones la enfermedad.

Don Segundo dijo ser una persona creyente, tiene cinco hijos y, según contó, desde hace unos años se dedica al descanso. "Trabajé toda mi vida en el monte. Ahora que lo hagan los más jóvenes", señaló.

"A él le había dicho muchas cosas de esta vacuna, por eso él no quería vacunarse", comentó uno de sus hijos, a lo que su padre interrumpió rápidamente y agregó: "Pero ahora, cuando pueda, si me voy a vacunar".

"Yo ya me había vacunado contra la gripe, pero bueno a uno le habían dicho tantas cosas de esta vacuna por eso no me quería vacunar, pero ahora ya sé que me hará bien y cuando termine mi aislamiento me voy a vacunar", explicó don Segundo.

Tiene una vivienda con una frase en el frente de su casa, en la que muestra su creencia religiosa, un patio muy amplio de muchos metros, por lo que sentarse en él es una costumbre. Desde lejos el que pasa por el camino los saluda gritando y levantando la mano, a lo que él, a pesar de sus años, lo escucha y le responde con otro saludo.


Foto: Emilio Rapetti
"Somos gente que ha nacido y se ha criado aquí en Piruaj Bajo. Mis abuelos fueron los primeros en estar en esta tierra, María Manuela Alvarado y Juan Romero, ellos siempre nos contaban cómo trabajaban aquí de lo que les daba el monte y eso se fue pasando de generación en generación", relató Don Segundo.

E indicó: "Somos un pueblo unido, solidario. Sabemos que podemos unirnos para defender lo nuestro, como ya lo hicimos alguna vez para defender nuestra tierra".

"Nos sentimos orgullosos de ser quien somos, de ser descendientes de indígenas", manifestó con una voz tenaz.

No dudó en señalar, al igual que sus hijos que vivir en Piruaj Bajo, un lugar tan lejano, para ellos es una gran satisfacción, un gran "orgullo de tener esta tierra, porque unidos podemos salir adelante, como lo hacemos día a día".


Foto: Emilio Rapetti
Fuente:telam.com.ar

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