Femicidios en Santiago: “Es la punta de un iceberg de violencias estructurales”
La doctora Cecilia Canevari, investigadora del INDES e integrante del Grupo Géneros, Política y Derechos de la Universidad Nacional de Santiago del Estero, señaló que cada caso “es un golpe, una batalla perdida en el intento de construir relaciones más justas entre las personas”.
02/03/2026
Tras un febrero marcado por reiterados femicidios en
Santiago del Estero, desde el ámbito académico advierten que las muertes son
apenas la expresión más extrema de una trama profunda de violencias
estructurales que no logra revertirse.
La doctora Cecilia Canevari, investigadora del INDES e
integrante del Grupo Géneros, Política y Derechos de la Universidad Nacional de
Santiago del Estero, señaló que cada caso “es un golpe, una batalla perdida en
el intento de construir relaciones más justas entre las personas”, y subrayó
que las muertes recientes deben leerse dentro de un fenómeno sostenido en el
tiempo.
En diálogo con medios de la universidad, Canevari recordó
que, según los relevamientos que el equipo viene realizando desde hace más de
una década, Santiago del Estero registra históricamente una de las tasas más
altas de femicidios del país en relación con su población femenina. “La tasa no
es sólo un número: habla de la proporción de mujeres asesinadas en relación con
las que habitan la provincia. Es una vergüenza nacional”, afirmó.
Para la investigadora, el femicidio es “la punta de un
iceberg”. La muerte es el momento visible, pero debajo existen múltiples formas
de violencia previas: física, psicológica, económica y simbólica. En la mayoría
de los casos, los agresores son parejas o exparejas, muchas veces padres de los
hijos de las víctimas.
Canevari marcó una diferencia clave respecto de otras
muertes violentas: “Aquí hay una desigualdad estructural de poder y de fuerza.
No son peleas entre pares; son relaciones atravesadas por mandatos de
masculinidad que legitiman el control y la violencia”.
También advirtió sobre intentos de femicidio y agresiones
graves que no siempre ocupan el mismo espacio en la agenda pública, pero que
evidencian la persistencia del problema.
En relación con la percepción de que muchos casos ocurren en
el interior provincial, explicó que el número de femicidios en zonas rurales es
proporcional a la población que vive en esos territorios. Sin embargo, advirtió
que el contexto rural presenta mayores obstáculos para la prevención y el
acceso a la justicia.
“En pueblos pequeños hay proximidad entre agresores; las
mujeres encuentran más dificultades para denunciar. A eso se suman las
distancias y la falta de recursos”, sostuvo.
EL ROL DE LA UNIVERSIDAD
Desde la UNSE, indicó, existen espacios académicos que
abordan la perspectiva de género en distintas carreras, aunque consideró
necesario profundizar y ampliar estos contenidos. “Las aulas son espacios
privilegiados para reflexionar sobre las violencias y desmontar estructuras
patriarcales muy arraigadas”, expresó.
Para Canevari, uno de los mayores desafíos es generar
instancias de reflexión dirigidas a los varones: “Mientras no se revisen los
mandatos de masculinidad que impulsan respuestas violentas ante la frustración
o la pérdida de control, el problema persistirá”.
Finalmente, convocó a sostener la participación social y las
manifestaciones públicas como forma de visibilizar la problemática y exigir
decisiones políticas acordes a su gravedad. “Es necesario dar un mensaje claro
a la comunidad y a las autoridades: estas violencias requieren compromiso,
presupuesto y políticas sostenidas en el tiempo”, concluyó.

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