¿Cómo se vivió en Santiago del Estero el proceso de Declaración de la Independencia?
A partir de investigaciones realizadas por el equipo Historia UNSE Mujeres se logró recuperar aspectos poco conocidos sobre el papel que desempeñó la provincia en el proceso independentista de 1816.
08/07/2026
Cada 9 de Julio, los relatos sobre la
Independencia argentina suelen concentrarse en el Congreso reunido en
Tucumán. Sin embargo, detrás de aquella declaración histórica existieron
provincias que atravesaban complejas realidades políticas y económicas mientras
contribuían a la construcción de la nueva Nación. Santiago del Estero fue una
de ellas.
A través de una reflexión elaborada por el Equipo
Historia UNSE Mujeres, integrado por las historiadoras Karina
Roldán, María Eugenia Hernández Reinundi, María Olivera, Evangelina
Isaac y Marcia Pompollo, se recuperan aspectos poco
conocidos sobre el papel que desempeñó la provincia en el proceso
independentista de 1816.
Una provincia marcada por los conflictos políticos
Cuando los congresales se preparaban para reunirse en Tucumán,
Santiago del Estero atravesaba un escenario de profundas tensiones internas.
Un año antes, en 1815, se había producido el primer intento
autonomista liderado por Juan Francisco Borges, quien cuestionaba
la subordinación política de Santiago a la jurisdicción tucumana. El movimiento
fue reprimido y su principal referente ejecutado, dejando una fuerte huella en
la vida política provincial.
Aquellos acontecimientos influyeron directamente en el
proceso de elección de los diputados que representarían a Santiago en
el Congreso de Tucumán, en un contexto marcado por disputas de poder y
desacuerdos entre distintos sectores de la sociedad local.
Los diputados santiagueños
La primera elección recayó en el presbítero Pedro
Francisco de Uriarte y en Fray Ignacio Garay, aunque este
último debió renunciar por razones de salud.
La situación obligó a realizar una nueva convocatoria y,
tras diversas demoras y debates, finalmente fueron designados Pedro Francisco
de Uriarte y Pedro León Díaz Gallo, quienes fueron incorporados oficialmente al
Congreso el 20 de abril de 1816.
Ambos tendrían un papel histórico al convertirse en
representantes de Santiago del Estero en la sesión que declaró la
Independencia.
Las investigadoras destacan especialmente la figura de
Uriarte, cura de Loreto, cuya participación permite observar la relevancia que
tuvo el interior santiagueño y el papel activo del clero en los procesos
políticos de la época.
Costos económicos
Uno de los aspectos más reveladores que surge de las actas
capitulares es la preocupación por financiar la participación de los
representantes santiagueños.
La provincia atravesaba una situación económica compleja y
el Cabildo tuvo dificultades para reunir los recursos necesarios para costear
los gastos de viaje, estadía y dietas de los diputados.
Para afrontar esos compromisos se recurrió al aumento de
impuestos y al arriendo de tierras pertenecientes a pueblos de indios que
permanecían bajo administración estatal.
"Estos documentos permiten comprender que la
Independencia no fue solamente una cuestión de ideales políticos o grandes
discursos. También requirió recursos concretos, dinero, trabajo, tierras,
alimentos y contribuciones que debieron ser aportados por la sociedad",
explican las integrantes del Equipo Historia UNSE Mujeres.
La pregunta que surge entonces es quiénes asumieron esos
costos. Los registros históricos muestran que gran parte del esfuerzo económico
recayó sobre sectores populares, en una sociedad atravesada por profundas
desigualdades.
Cuando la noticia
El 9 de julio de 1816, el Congreso declaró la Independencia
de las Provincias Unidas en Sud América, rompiendo formalmente los vínculos con
la Corona española.
La noticia tardó algunos días en llegar a Santiago del
Estero, pero una vez conocida, las autoridades locales dispusieron
celebraciones públicas para manifestar la adhesión al nuevo orden político.
Tres días después se ordenó iluminar las viviendas durante
las noches del 12, 13 y 14 de julio. Las luminarias constituían mucho más que
una expresión festiva: eran una demostración pública de apoyo a la causa
independentista.
Las actas de la época revelan incluso que, aunque se
reconocía la pobreza de buena parte de la población y se establecía que cada
vecino debía participar según sus posibilidades, quien no iluminara su casa
podía ser considerado enemigo de la América independiente.
Ese gesto simbólico muestra cómo la política también se
expresaba en acciones cotidianas. Encender una luz significaba hacer visible el
compromiso con la nueva Nación que comenzaba a construirse.
Repensar la independencia
Desde el Equipo Historia UNSE Mujeres sostienen que
recuperar estas historias permite ampliar la mirada sobre el proceso
independentista y reconocer el protagonismo de actores y territorios que muchas
veces quedan relegados en los relatos tradicionales.
A 210 años de la Declaración de la Independencia, las
historiadoras destacan la importancia de seguir investigando y difundiendo el
pasado desde una perspectiva regional, que permita comprender cómo Santiago del
Estero contribuyó, con sus conflictos, esfuerzos y protagonistas, a la
construcción de la Argentina independiente.
Porque la historia del 9 de Julio no se escribió solamente
en Tucumán: también se construyó en los pueblos, cabildos y comunidades que,
desde distintos rincones del territorio, hicieron posible el nacimiento de una
nueva Nación.

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